Jue, 07/22/2021 - 09:37
Foto: rtve.es

Sedientos de normalidad, asustados ante la normalidad

Una dualidad se presenta en el trasfondo de la sociedad a nivel global. El miedo se enfrenta a la voluntad de una normalidad que se desdibuja tanto que no recordamos realmente cómo era.

En el comienzo de la era post-Covid, tenemos que luchar contra un miedo que se nos ha ido metiendo tanto entre las uñas que parece que no quiere abandonarnos. Ya hemos hecho todo lo que hemos podido como civilización moderna. Hemos logrado tener una vacuna que evitará drásticamente los muertos y afectados. Ahora nos encontramos en el arduo trabajo de vacunarnos a todos, sin olvidarnos de nadie.

Y eso, justamente, es lo máximo que podemos hacer. Tras tantos meses terribles a nivel mundial, nos toca sobrevivir al después. A la inseguridad, a la naturaleza humana del vecino que nos ha defraudado y que genera desconfianza, al “ya ha pasado todo” que nos va a costar creernos. Los gobiernos por miedo a la pérdida de la economía tratan de adelantar algo que poco a poco vendrá, Francia nos muestra un tráiler del futuro donde los negacionistas sin vacuna deberán enfrentarse a las consecuencias… Pero donde también la población de ultra riesgo que no soportaría la vacuna, queda en el limbo. Estamos ante una nueva normalidad que todos deseamos tanto como tememos… Y tememos por un gran problema que se ha visto en la sociedad actual, el analfabetismo científico y cómo este hecho ha dado pie a que la opinión y la libertad de pensamiento sean más importantes que la verificación científica.

Algunas cosas han salido mejor de cómo estaban antes del Covid, pero debemos admitir que como sociedad universal hemos perdido. Han salido al frente demasiadas alimañas y decisiones deshumanizadas, como para entender cuáles sí son las prioridades de los gobiernos… Y eso da miedo. Hemos padecido un paternalismo por parte de los que mandan, que ha provocado desinformación y caos. 

Ahora que nos encontramos al principio del fin, que las vacunas van llegando y protegiendo a los más débiles, debemos pararnos a pensar y meditar. Antes de que todo acabe como si se tratara de una anécdota, antes de la frase: “¿Te acuerdas de cuándo…?”, la obligación de autoanálisis se hace palpable.

Mientras todo esto sucede, el miedo de las personas que ya no saben qué pensar se une a las ganas de volver a vivir, besar, abrazar, y conversar, de vivir socialmente porque somos animales sociales.

Nos volvemos duales, nos debatimos ante el miedo al retroceso y eso se debe a un paternalismo desinformador digno de aquella novela de “1984”

Veamos cómo nos saca “Gran Hermano” de esta.

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