Dom, 12/20/2020 - 07:55

Una navidad de doce meses

Ya llegan las fiestas más esperadas durante el año, la época de diciembre es un tiempo de unión, es el tiempo en el que todos retornan al seno familiar. Los sentimientos filiares afloran y los lazos de sangre se recogen; todas estas expresiones son válidas para los años anteriores, pero este 2020 hizo un pare en el camino, detuvo la carrera de la vida que llevábamos los humanos y fingiendo ser navidad nos obligó a retornar a casa, de todos los territorios llegaron uno a uno los miembros del núcleo social y poco a poco los hogares maternos, paternos se llenaron de júbilo por el regreso del ausente, los niños celebraban cada momento de permanencia de sus padres en el hogar que con sacrificio adquirieron, los abuelos desempolvaron las recetas de cocina y renovaron su existir con las diarias risas de sus nietos y los abrazos interminables de los hijos ya desanidados.

Esta plaga maligna además de robarle el aliento a millones de personas le devolvió la vida en familia a otro tanto de almas solitarias esclavas de las posesiones; subyugadas por empleos de 24 horas y en una constante carrera por cuidar los bienes materiales.

Sin darnos cuenta y en medio de las quejas por la pérdida del empleo, el encierro, el uso de mascarilla, las restricciones, estuvimos todo el año en navidad, no fue necesario vestir un árbol con guirnaldas y luces de colores para que los hogares sintieran el calor que solo llega cuando la familia está reunida.    Los niños contaron con la guía de sus padres en las tareas académicas y los adultos compartieron las labores del hogar mientras improvisaban un espacio de trabajo, el gimnasio y hasta el rincón de recogimiento y oración. 

Sin villancicos ni novenas durante el año celebramos la vida desde los balcones, ventanas o terrazas; se prepararon comidas extrañadas y se disfruto de un hogar, ¡No! de cuatro paredes.

Ahora cuando materialmente el calendario marca el doceavo mes del año y con la mayoría de familias aun reunidas inician los preparativos para esperar la llegada del niño Jesús y finalizar con un año doloroso por las pérdidas de seres queridos, amigos y cercanos, pero también un gran año donde el regocijo avivó las llamas fraternales y compactó el amor de esposos, novios y amigos.

No es justo que todo un año de vivencias navideñas donde el autocuidado fue el anfitrión de una tierra que sin los recursos de otros países evitó hacer de los parques cementerios, las personas se vuelquen a las calles y en aglomeraciones, tumultos y con la excusa de una reactivación del comercio irrespeten absolutamente todas las medidas que los mantuvieron con vida.

Es fácil pensar que tras un año de aprendizaje la lección ya estuviera aprendida, pero lejana es la realidad que avizoramos en las calles. Que fácil es pretender que lo importante a estas alturas del año es la convivencia, que el mejor regalo bajo el árbol de navidad y frente al pesebre es conservar la familia completa, sana y sobre la mesa una apetitosa comida. No es vital correr a gastar el dinero que fue tan esquivo en cosas que no usamos durante un año; si bien es cierto que la fe no debe perderse y que confiando en el poder divino el 2021 no llegará arrebatándonos la vida, aún no sabemos cómo se comportará en temas financieros, los países están muy golpeados según los entendidos tardaremos 20 años para volver al sitio donde estábamos al inicio de 2020 en materia económica, laboral, comercial, etc.

Si usted y su familia lograron llegar completos para celebrar la navidad sea agradecido con la vida y el poder supremo no haga de este diciembre el mes más peligroso del año por el aumento de los contagios por Covid. Celebre con las personas de su casa y busque alternativas para acercarse a parientes y amigos; haga de la tecnología de las comunicaciones su aliada. Por usted y los suyos evite las reuniones en diciembre, “no pierda el miedo a perder la vida”, no subestime el poder mortal de este pequeño justiciero que sin discriminar despide de este mundo a jóvenes y ancianos, ricos o pobres.  Si definitivamente decide reunir a toda la familia, vecinos y allegados recuerde que ninguna medida es perfecta para detener la expansión del virus, pero la suma de todas ellas puede evitarlo. En la celebración mantenga el tapabocas o la mascarilla puesta, conserve la distancia física, mantenga las ventanas y puertas abiertas para que el aire circule y manipule con prudencia las comidas y bebidas, inclusive las vajillas y los cubiertos.

Para el 2021 preparémonos, tanto espiritual como materialmente; quedó demostrado que si la inversión pública se ejecuta responsablemente las selvas de cemento erigidas para educar y trabajar pueden ser reemplazadas por hogares dignos donde la unión familiar sea el eje principal. tenemos que rescatar lo bueno de esta pandemia, por que a diferencia de nuestro pensar no terminará el 31 de diciembre de 2020, lo que indica que para el 2021 continuará diezmando la vida en la tierra y el espejismo de la vacuna, muy lejano de llegar a nuestro entorno, no! nos puede segar en la prevención y el autocuidado.

La pandemia deja una huella de grandes avances en muy corto tiempo, la revolución de las comunicaciones, el teletrabajo, estudio virtual, la medicina asistida remotamente entre muchas nos demostró que no es necesario llenar metros cuadrados de cemento y ladrillo para ser productivos.

El secreto para quienes logren sobrevivir y puedan contar este capitulo a nietos y bisnietos es hacer de su hogar un virtuoso lugar de amparo dedicado a ejercer la convivencia familiar, a la educación amorosa y personal de los hijos y el acompañamiento hasta los días finales de su historia a los abuelos.

Si pensaba que el 31 de diciembre la pesadilla terminaba…

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.