Vie, 07/08/2022 - 14:07

Una utopía que necesita tener vida

Más allá de las luchas y movimientos educativos, es la historia revolucionaria de la educación. ¿Cuál es el impacto de mayo del 68 para nuestro contexto educativo actual?

La sociedad está cambiando vertiginosamente, desde sus aspectos políticos, culturales, económicos, hasta llegar a los intelectuales, la sociedad ha evidenciado una serie de transformaciones, que han repercutido en la forma de vida de los ciudadanos, en sus discursos y formas de pensar.

Los diferentes sectores de la población de un país están sujetos a los discursos ideológicos que se producen dentro del poder que gobierna, y a su vez a la reproducción de estos en todas las capas sociales de la misma. Estos están bajo regímenes, dictaduras, o democracias que reproducen en muchos casos los fundamentos de la desigualdad, pobreza, e injusticias sociales. Esto anterior conlleva a dividir las formas de pensamiento y las posturas frente a esta problemática, en cuanto a los diferentes movimientos que surgen para protestar contra estas situaciones y buscar utópicamente una sociedad más equitativa, libre y educada.

A lo largo de la historia de la humanidad, diversos grupos colectivos han alzado sus voces y luchado por unos ideales. Desde el antiguo Egipto donde los obreros reclamaban ropa, medicinas y comida, atravesando por la manifestación de Chicago en 1886 donde cientos de trabajadores protestaron por mejores condiciones y jornadas laborales justas, de este suceso se conmemora el día del trabajo el Primero de mayo, así mismo, las protestas en contra de la guerra, manifestaciones previas a la Revolución Francesa, que buscaban mejoras laborales, alimenticias y convivenciales. En un contexto colombiano, las protestas que se suscitaron entre los años 1920 y 1950 debido a diferentes movimientos emergentes y campesinos, también el auge de la explotación minera y las injusticias sociales provenientes de esta, asimismo, en aras de un cambio ideológico en Colombia en el año de 1990, surgió una marcha silenciosa, se alzó la séptima papeleta luego de algunas manifestaciones civiles, para alcanzar la verdadera cohesión social.

El propósito de reestructurar los estamentos de la sociedad y el llamado a la participación ciudadana convierten estas movilizaciones y protestas en un cimiento para las luchas sociales venideras, de grandes metamorfosis y revoluciones en la historia de los países y del mundo. Es en este punto, cuando hablar del mayo francés de 1968, es dar un viaje en la historia de un suceso que marcó el pasado, el presente y el futuro de las luchas sociales. Es así como en una Francia histórica en la cual se establecen una de las huelgas estudiantiles y obreras más influyentes; un escenario de amor y odio de la interpretación de dicho suceso, en los que algunos reconocen los hechos como un acontecimiento heroico que desató un cambio político, social e intelectual en beneficio de la Francia de aquel entonces, así como otras perspectivas que acusan el acontecimiento de controvertido y revoltoso en donde la sedición y el quiebre a la autoridad serían los pilares de dichas huelgas.

Una liberadora lucha que se cimentó en las calles, en los hogares, en las academias, bajo el lema de una educación liberadora, estructurada e integral, hibridando en la  contienda por un trabajo digno y justo, por una sociedad libre de la opresión, la desigualdad, la explotación y la dominación, dando como resultado una comunidad participativa y crítica de su realidad y contexto; el discurso de tener voz y voto, de participar activamente en las decisiones que le competen ya sea de su labor profesional como académica, y política.

Principalmente la idea de una sociedad integradora, sostenible, equilibrada y autónoma es la que ha germinado la semilla en los estudiantes y trabajadores. Es de resaltar que en una sociedad en donde nuevas cosmovisiones, nuevos discursos, así como nuevas ideologías que se retroalimentan con teorías de pensadores de antaño, así como también en aras de estructuras que están en constante cambio de la necesidades sociales e individuales para que se reformen. En ese mismo orden de ideas, vincular los sucesos de mayo del 68 en Francia al surgimiento de una nueva representación ideológica a cargo de los dominados abre la posibilidad a nuevas revoluciones y cambios en el estilo de vida de una sociedad, aunque este suceso no haya tenido éxito radical o cambios significativos en las estructuras de poder, dejó un legado ideológico. “La revolución que no cuajó dejó un impacto duradero. Como dice Joaquín Estefanía en su libro ‘Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía’, mayo del 68 acunó muchas causas diferentes como el ecologismo, la libertad sexual, la educación igualitaria o el feminismo y todas fueron impulsadas como nunca antes. El mayo francés transformó ideas y valores morales, no cambió el poder ni el sistema” Según David Dusster

Es aquí cuando podemos hablar de las consecuencias que ha tenido sobre el entorno educativo actual, ya sea en el contexto colombiano, o latinoamericano. No se puede hablar de una construcción de sociedad, de luchas, y movimientos, sin dejar exponer el papel que cumple la educación.  Una pugna por una sociedad integral, justa, educada y en paz, han hecho que grupos y movimientos estudiantiles hayan surgido en la Colombia de antaño, la cual en la década de los 60 dio luz a movimientos que exigían mejores infraestructuras en los centros universitarios, así como, la manifestación del descontento en el manejo y reformas aplicadas a estas, como los comuneros de la UIS, también, el movimiento estudiantil de 1971 que logró movilizar las distintas universidades y a otros estamentos por una mejor educación, para la reestructura del ideal que a su vez se basa en  la ciencia. Este suceso tiene una similitud semántica con el mayo francés, como expresa, Virginie Laurent “el movimiento aparece como sui géneris, variado también en sus reivindicaciones. Éstas no sólo le apuestan a una reforma de la Universidad, que por cierto exigen integral: desde las infraestructuras hasta los procedimientos de evaluación, pasando por las relaciones estudiantes-profesores. Se enfocan igualmente en un llamado a la liberación del sujeto, en un ambiente que se quiere más hedonista, así como en una mayor participación de la sociedad en todos los campos: familiar, educativo, político, sindical y empresarial”. La anterior consigna es la exposición principal de las reivindicaciones que se han buscado románticamente para solucionar los obstáculos nacientes ente sociedad y estado, al igual que educación y Estado

Las fuertes represiones que han tenido estos movimientos estudiantiles que buscan participación política, mejores condiciones educativas,  así como, el manejo de sus propios recursos, libertad de cátedra, contenidos actualizados de la mano de la ciencia y la tecnología para crear conocimientos multidisciplinares e integrales, mejores relaciones entre el estudiante y el educador, enriqueciendo los procesos enseñanza-aprendizaje con base en la criticidad y el desarrollo del pensamiento, libertad y autonomía. La memoria histórica de Colombia, sigue recreando  los pasos de los movimientos estudiantiles de años precedentes que aunque no lograron influir políticamente o sus logros trascendieron por medio del discurso y pensamiento más allá que un cambio radical, ha llevado a la Universidad a lograr sus propósitos, como también lo fue la propuesta de la séptima papeleta, en donde el movimiento estudiantil buscaba una solución radical a los conflictos que se venían dando en cuestiones de violencia, narcotráfico y los desafíos que se veían vislumbrando por el cambio económico, político y social de la época.  En ese mismo orden de ideas, en la actualidad, los diferentes movimientos estudiantiles y sociales han dado pasos de gigante en cuanto a cambios de reformas, inversión educativa, proyectos de mejoras en la calidad, en tanto al progreso en la organización interna de los centros universitarios. La educación ha estado inmersa en los diferentes acontecimientos importantes de la nación convocando a numerosas marchas, empatizando con diferentes sectores de la sociedad, víctimas del estado y la violencia convirtiendo a la educación en un protagonista de desarrollo social legitimando el discurso de autonomía y participación, logrando con esto no estar supeditado a la dominación del Estado y de ningún otro estamento.

Todo lo anterior, ha sido los pasos a tientas dentro de un panorama desalentador que parece no querer cambiar en pro de una sociedad la cual pueda tener acceso a la educación, unos mejores contenidos educativos, y una divulgación de las áreas humanísticas, así como inversión en infraestructura y cuerpo docente, entre otros aspectos relevantes para una óptima articulación de lo impartido y lo enseñado dentro del contexto. Lo que se busca en una liberación del ser y autonomía, para una sociedad más justa y liberal ya que se necesita el conocimiento al servicio de la humanidad para un crecimiento intelectual y material, pero al ser coartada esta, lo único que se logra es una crisis social, intelectual y humanística.  Hoy por hoy el mayo francés del 68, entre otros movimientos y revoluciones, han servido para iniciar una lucha contra el poder y la injusticia, y aunque se ha dado lentamente y se han suscitado obstáculos para llegar a lograr lo deseado en la lucha, sin estos acontecimientos no se podría soñar con ese anhelo. La educación colombiana actual ha sufrido fuertes repercusiones por levantarse en pensamientos, querer tener voz y voto, y aunque no lo logra definitivamente, es un logro moral e intelectual poder comenzar.

 

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