Lun, 05/13/2019 - 08:06

Uso del glifosato

El respaldo dado recientemente por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos al uso del glifosato, al determinar que no es cancerígeno, es un alivio para organismos de seguridad que luchan contra el narcotráfico, afectados con la suspensión de las fumigaciones de cultivos ilícitos, los cuales se han incrementado notablemente devolviendo a Colombia el deshonroso primer lugar en producción de drogas alucinógenas.

Tras varios estudios científicos, la agencia norteamericana encontró que el glifosato es un producto seguro, ratificando decisiones adoptadas en el mismo sentido en otras partes del planeta como el Tribunal Judicial de Brasil que avaló el químico como una herramienta para el control de la maleza. Estas disposiciones generan tranquilidad para las autoridades que usan el químico en la erradicación de siembras de coca, amapola y marihuana.

No existen pruebas científicas que corroboren que el glifosato es causante de cáncer a pesar de las múltiples denuncias al respecto apoyadas por la desinformación de grupos que se benefician con la prohibición de las aspersiones aéreas. Como consecuencia de la restricción a las fumigaciones, aumentaron las hectáreas sembradas con cultivos ilícitos.

El más reciente informe del Sistema de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de Naciones Unidas registró un crecimiento constante en las plantaciones desde el 2013, pasando de 48.000 hectáreas sembradas con matas de coca en ese año a cerca de 200.000 en el 2017 y la elaboración de estupefacientes en dicha anualidad fue de 1.379 toneladas, cifra que se incrementó en el último año. Es evidente que el periodo en el que se incentivó con decisión la destrucción manual de las plantas también hubo mayor número de cosechas, dejando de ser un país con óptimos resultados en la lucha contra  las drogas alucinógenas a retomar el  primer lugar en territorio con coca.

La erradicación aérea con herbicidas ha demostrado ser el método más efectivo para acabar con los arbustos ilegales, por ejemplo, la destrucción manual de una hectárea podría durar más de 12 horas, incrementando costos y tiempo, además ofrece menores riesgos ante la presencia de actores armados que vigilan el territorio e instalan explosivos. En 2018 se presentaron 98 accidentes con minas antipersonal con consecuencias trágicas para las víctimas.

Las estadísticas demuestran que estamos perdiendo la guerra contra el negocio del narcotráfico por eso se necesitan acciones decididas para atacar toda la cadena productiva de cocaína, desde la siembra hasta la comercialización en el exterior. Impedir el uso de herbicidas en la destrucción de cultivos otorga beneficios a las organizaciones ilegales, el trabajo social con las comunidades y la sustitución de cultivos no se puede abandonar, debe ir de la mano con una política resuelta de erradicación de plantaciones prohibidas y para ello las fumigaciones son la mejor herramienta.

@WilsonRuizO

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