Vie, 07/31/2020 - 09:34

Violencia obstétrica: una de las asignaturas pendientes del feminismo

La situación de pandemia mundial, ha servido para volver hacia atrás en un campo donde el feminismo asoma poco la cabeza: la violencia obstétrica. Tomando como excusa la situación de urgencia sanitaria las pocas cosas que se hacían bien en el pasado, se han tornado oscuras por su mirada a lo que parecía ya se había combatido y vencido.

Como si los gobiernos se trataran de pacientes con TOC, tratan a las mujeres en su momento reproductivo con un paternalismo desasosegante, dictatorial que simplemente da pavor.

Tanto la ONU como la OMS hace tiempo que indican que ciertas medidas medicas durante el proceso de gestación atentan contra las mujeres, siendo un peligro para ellas físico y psicológico.

La toma de decisiones por parte del personal sanitario que no trata a las mujeres en estado como mujeres libres con capacidad de discernir y decidir, se mezcla con una situación de paranoia donde lo fácil ha sido olvidarse de la paciente y priorizar el hacer las cosas rápidas.

Así, de esta manera nos estamos encontrando con casos de violencia obstétrica que probablemente muchos nos entiendan su gravedad, pero que no por ello deja de tenerlo.

Practicas medicas como las episiotomías obligatorias para facilitar la expulsión del niño, la medicación o sedación para que la parturienta no pueda decidir en el parto, las cesáreas programadas para tener controlado el flujo de pacientes, medicación de oxitocina para adelantar los partos en vez de espera a su proceso natural, madres recién paridas a las que les arrancan sus bebés y no les dejan hacer piel con piel o amamantar (pese a que la evidencia científica se opone a esa práctica), son solamente malas decisiones en el parto.

También podemos encontrar malos usos durante los nueve meses, desde el estar desatendida, desinformada, con el contacto medico mínimo, llevando a mujeres con problemas como diabetes gestacional a no ser atendidas.

No olvidemos del carácter más psicológico con matronas o ginecólogos que ni te miran a la cara y que por un factor u otro tiran más de ofensa por prejuicio que por un trato coherente con las pruebas y el paciente.

La asignatura peor resuelta es el postparto. El tema tabú por experiencia hasta que hace poco se empezó a hacer visible. Mujeres absolutamente olvidadas, pese a cesáreas (que no olvidemos se trata de una cirugía mayor), lactancias cortadas por los malos usos de enfermeras que o no les importa o que directamente en pleno hospital priorizan el biberón, pese a todos los estudios que se ha realizado. Hemos podido vivir con casos de mujeres que más de un mes más tarde de su parto, enfermaban porque se había realizado un mal parto y un trozo de placenta aún estaba en su matriz.

Las mujeres gestantes son como esa asignatura olvidada, llena de prejuicios cuyos efectos resultados están tan normalizados que se nos olvidan que no debería ser así.

No tenemos que olvidar que los cortes perineales no son obligatorios, son una opción para cuando es estrictamente necesario.

No podemos olvidar que debemos cuidar nuestro suelo pélvico, dejando de normalizar que los escapes de orina son normales.

No podemos olvidar que en un estado moderno con plena lucha feminista en auge, la violencia obstétrica no debería tener hueco.

No podemos ni debemos olvidar a todas esas mujeres que ven su embarazo, parto y postparto como una pesadilla que aún les deja secuelas emocionales.

Lo siento, no nos debe valer el tópico “Cuando le vi la carita se me pasó todo”. Cuando las cosas se pueden hacer mejor, es nuestra obligación que así sea.

El parto respetado no es solo un derecho, es una obligación que tienen para nosotras.

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