Vie, 01/18/2019 - 09:25
Foto: Vanguardia.com

Y seguimos en las mismas

Llegaron a estudiar a la Escuela de la Policía llenos de sueños y con el deseo de aportar, no un grano de arena, su vida de ser necesaria para consolidar un mejor país. Y si pensamos que un carrobomba destruyó todo eso, estábamos muy equivocados. El derecho inalienable a ser despedidos como héroes por los colombianos, se diluyó entre frases oportunistas y cargadas de odio de algunos políticos que, sin importar a que ideología pertenecen, solo usan el dolor de algunos como una catapulta que los lleva más lejos de lo que ya han logrado, engañando a un pueblo que se deja enredar en medio de la barbarie.

De esos políticos poco o nada me asombra. Lo que si duele, y mucho, son los colombianos de bien, de izquierda centro y derecha, que siguen cual borregos a lideres que deberían estar disfrutando de un buen retiro. Una vez más las redes sociales fueron eco de frases desafortunadas que solo dividen. No se había secado la sangre de los muertos cuando ya, a diestra y siniestra, se leían clamores de venganza.

Que oportunista es aprovechar la tragedia para encontrar justificación a la ideología. Parecemos imbéciles los colombianos cayendo en los juegos macabros de quienes, enfermos de poder, quieren seguir sembrando de miseria nuestra adolorida nación. No es un secreto que arrebatarle aplausos a una tribuna de fanáticos es tarea fácil, menos si se hace con mentiras. Ocurre en Colombia y se repite hasta en las llamadas potencias. Mentir, mentir y mentir. No importa, es lo necesario para mantener al pueblo embrutecido. Lo difícil es contar verdades, es no sembrar odios, es enseñar a amar y respetarnos. Desde Caín y Abel nos venimos matando por nuestras diferencias y no aprendemos que al final el dolor es el mismo. La tragedia no sabe de razas, de credos, de religiones, de sexos y menos de nacionalidades o banderas políticas.

Algún día entenderemos que si le restamos unos puntos al fanatismo y los aumentamos a la mesura, podremos edificar una sociedad llena de valores. De lo contrario, esa espiral de violencia en la que seguimos esperando cualquier acto de terror para justificar nuestras ideas y posturas, nos terminará matando a todos.

Ese día que Dios nos perdone porque nos quedó grande entendernos y respetarnos como integrantes de una raza rica en diversidad. Por ahora compartamos oraciones por quienes murieron y plegarias por los heridos. Y antes de dormir, recordemos que una vez más las banderas de la guerra se están agitando con fuerza. No sea el diablo y en esta oportunidad el conflicto si nos golpee de forma directa y nos enseñe el verdadero costo de la guerra.

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Un ponderado análisis de la coyuntura político-social del momento de postconflicto por el qie atravesamos. Muy bien!!!

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