Lun, 01/28/2019 - 07:44

Escribir como si fuera lo último

Escribir como si fuera lo último, con las heridas abiertas y recientes o con las cicatrices y su tacto, pero escribir como único recurso, apostándolo todo, dejando surcos en el papel que sean todo, que sean lo único, que sean lo último.

Porque una cosa es el sentimentalismo y otra cosa el sentir, con todas sus aristas, con todos sus extremos, una cosa es el amor estético y de vitrina y otra cosa es el amor y su dolor y su soledad y su vacío, el amor y sus recursos patéticos, porque patético no significa ridículo sino visceral, que viene de adentro y es profundo como un dolor en los huesos: una cosa es el amor de las canciones de la radio y otra el amor de Borges: "me duele una mujer en todo el cuerpo". De eso se trata. De sentir como si fuera lo último para después escribir porque lo que importa es la obra. Porque una cosa es el activismo, el panfleto, la frase proclamada por el titiritero y repetida mil veces por los títeres y otra cosa en la convicción, que es algo que se lleva adentro y que lo toca todo, algo que no se vende a pedazos ni se parcela. Una cosa es el titiritero y sus títeres y sus juegos de poder y muerte y otra la convicción, la resistencia, el otro lado.

Y una cosa es la historia oficial, con sus relatos fantasiosos y sus libros escritos a la medida del poder y otra las resistencias que se vuelven canciones y libros. Una cosa es mandar a confeccionar la historia a su medida, con balas y bombas y tumbas, y otra cosa es escribir la historia a contracorriente, haciendo camino al andar, como dice la canción. Para eso se escribe, para que la obra hable y sea la historia que otros no cuentan, la resistencia, la convicción y todas sus luchas.

Escribir como si fuera lo último y como si fuera el último día y como si después de escribir nos fuera a partir un rayo, escribir como la última ocasión de decirlo todo. Escribir para arriesgarse pero sobretodo para liberarse y no quedarse con nada adentro. Escribir para vaciarse aunque vaciarse sea imposible, porque escribir es también jugar a lo imposible y ser y hacer y decir e inventar cosas imposibles.

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